viernes, 27 de julio de 2007

1986


Diario La tercera 24/11/86
Fue galardonado con premio municipal
Fuerte influencia italiana se advierte en nueva pintura
Destaca artista Alvaro Donoso

VALPARAÍSO (Berta Morales, corresponsal).- Pintor, grabador, dibujante, poeta y escritor, pero por sobre todo un hombre que ha dedicado su vida a la difusión de la plástica y a incentivar nuevos valores es Alvaro Donoso, director desde el año 59 de la sala "El Farol" de la Universidad de Valparaíso, a quien la Corporación Cultural de la V Región concedió el premio 1986, en la categoría personal, galardón que recibirá el jueves 4 de diciembre en una ceremonia en la Casa de la Cultura en Viña del Mar. El premio se concedió por su eficaz contribución al desarrollo cultural de la región y la importante labor docente en su especialidad.
Ya en 1968 uno de sus grabados fue adquirido por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Estados Unidos, donde sigue en exhibición; también grabados suyos forman parte de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes.
AGRADECIDO
Encontramos a Alvaro Donoso en la sala "El Farol" que ya se ha transformado en su segundo hogar y ahí nos dijo: "La verdad es que he recibido muchos premios, pero éste es el que me causa una mayor satisfacción, porque ' es un reconocimiento a la labor cultural iniciada en 1960, organizando exposiciones, como jurado de concursos, ayudando a surgir nuevos valores. Realmente estoy muy agradecido de la Corporación Cultural dé la V Región".,De todas las expresiones del arte que cultiva, nos cuenta que le atraen más la pintura y el dibujo, aunque también ha tenido aciertos literarios y teatrales.
INFLUENCIAS
Viviendo en estrecho contacto con los jóvenes valorea de la pintura.. Alvaro Donoso reconoce que en los últimos dos años se ha registrado en la zona un repunte cultural. "La mayoría está muy influido por el transvanguardimo italiano o neoexpresionismo, pero esperamos que e través de esta influencia adquieran tu propio estilo, porque no podemos incorporar a nuestro arte una realidad tan diferente como la de Italia".
LOS NUEVOS
Dentro de los nuevos valores, que aseguró darán mucho que hablar en el futuro en Chile, destacó a Mario Antonio-Ibarra Catalán, a quien calificó como uno de los más importantes de la nueva generación en la pintura; mientras que en la gráfica están Jorge Barbagelatta y Juan Zúñiga Contreras y en la escultura Iván Cabezón.
En cuanto a consejos para quienes recién se inician, señaló que lo primordial es mucha constancia. "Una obra -dijo- consista en 90 por ciento de transpiración y 10 por ciento de inspiración".
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Diario El Mercurio-24/11/1986

Pioneros de la "mala pintura" en Valparaíso.—
Los 14 que se atreven
Por Eugenio Rodríguez
Fotos de Roberto Gutiérrez

El crítico Ricardo Bindis habló de "una explosión que entusiasma por su valentía y polémica posición", al comentar la muestra "La última playa", 14 Pintores Porteños, que se presentó durante septiembre en el Instituto Cultural de Las Condes en la capital.
La misma muestra está abierta al público desde el martes 4 (hasta el 4 de diciembre), en la Sala de Viña del Mar, de Arlegui 683 para que el público de la Va Región vea estos valores de la pintura porteña concentrados y no dispersos como en exposiciones anteriores.
Los 14 nombres (en orden alfabético) son: Eduardo Ahumada,, Ana María Bórquez, Juan Brito-Pastor, Eduardo Esteban Carametro, Rober-to Cárdenas, Catalina Espinosa, Antonio Guzmán, Mario Ibarra, Espe-ranza Kalajzic, Patricio Maureira, Andrés Merino, Andrés Montenegro, Edwin Rojas y María Ester Saldivia.
El rango de sus edades fluctúa entre los 23 y los 30 años, aun cuando hay alguno que tiene "algo más". La mitad de ellos nació en Valparaíso o la región. Los otros en Santiago y hasta en Punta Arenas. Residen y trabajan acá, pero lo que más les une es la "escuela" pictórica, la inquietud de hacerse universales desde la provincia y hasta los detractores que desde los rincones disparan dardos envenenados contra estos cultores de la llamada "mala pintura".
El germen grupal estuvo en las aulas de la ex Academia Pedagógica, hoy Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, en torno a José Basso.
Pasan por una etapa de entusiasmo desbordante. Unos se saben y otros se sueñan con el talento suficiente para remontar la gruesa corriente contra la cual el artista siempre estará luchando. "Desean nutrirse del ambiente callejero", como escribió Ricardo Bindis, "y se expresan plásticamente con la más atrevida expresividad".
Hicieron eclosión en la Bienal Internacional de Arte de Valparaíso 1983, oportunidad en la cual todos los que se presentaron fueron seleccionados. Ese es un hito que marca el inicio de esta escuela, según su decir. Luego se siguen agrupando, porque en ese tiempo no se juntaban
todos los que hoy van de la mano pop la vida y las exposiciones. Y las puertas siguen abiertas, porque al grupo pueden unirse todos que se sientan interpretados, dicen.
Se congregan en torno a Pepe Basso para conversar, intercambiar puntos de vista, escarbar en la historia del arte, decirse cosas. Lo hacen en un taller, en la calle, donde sea. Pinta cada uno sus propias inquietudes y angustias, pero cohesionados en ésta, que ha sido calificada como la primera escuela de pintura porteña en muchos años, algo que no se veía desde los tiempos de Camilo Morí y los suyos.
"La última playa" —que no habrá de ser la última muestra, se supone— los tiene a todos juntos en Viña del Mar. ¿Será otro hito como el de 1983? ¿Qué cosecharon de su paso por el Instituto Cultural de Las Condes y qué esperan de la Ciudad Jardín?.


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Diario El Mercurio de Valparaíso- 06/10/86

Comentario.—
Octavo Concurso de Arte Joven 86

Nuevamente hemos tenido oportunidad de apreciar el resultado del Concurso Nacional de Arte Joven organizado por la Universidad de Valparaíso en su octava versión. Lo presentado corresponde a una mínima parte de lo que concursó donde al decir de un integrante del jurado en el catálogo "de la maestra: "... Comparece de manera predominante la pintura, en menor medida la escultura y casi sin presencia las realizaciones dé la gráfica...". Agrega: "... La gráfica y el grabado no son sustantivos ni sustanciosos en el conjunto escogido...". A estas acertadas opiniones agreguemos que el resultado general es discreto y no ofrece obras y figuras que den la necesaria notoriedad a un concurso destinado fundamentalmente a gente joven.
Analicemos algunas obras concursantes y premiadas:
Juan Godoy (mención). "Obra cultural de recomposición", emplea materiales de mala calidad y muy poco plásticos con el uso de figuras históricas no consigue sostener una imagen coherente.
Peter Kroegel (mención). "Cuatro tablas para Valparaíso", es una obra de tipo mural, plana, predominan los colores grises y .ácidos con elementos en dispersión.
Mario Antonio Ibarra C. (mención). "Se abrió la ventana". Se destaca por la sensualidad y hasta la brutalidad de las expresiones, su pintura es de lo mejor en el concurso. El artista se sitúa como de lo mejor que produce la plástica regional. Los defectos del dibujo son superados con creces por la intención y por la fuerza del colorido. Su obra se sitúa acertadamente entre la figuración y la expresión con marcados signos de erótica sensualidad.
Eduardo Ahumada (mención). "Niño de población y Arcángel". Es evidente el desarrollo de este joven valor artístico de una marcada trasvanguardia que le valió antes otro reconocimiento. Ha evolucionado a una expresión mucho más personal, situando sus temas en un ambiente que es una interpretación de Valparaíso. Le cabe si desprenderse de una influencia chagaliana evidente.
Omar Gática. Se nos presenta con un díptico que muestra un claro descentramiento de la expresión. Situado dentro de la trasvanguardia refleja un carácter y una personalidad muy particular que lo sitúan entre los mejor de la plástica chilena actual.
Susana Cox. Con sus bailarinas (tríptico) resulta acertada en tres pinturas de pequeño formato en que utilizando una temática muchas veces realizada en el pasado logra hacer con el tema una composición y expresión individual con un acertado fondo texturalizado en que sitúa sus personajes en movimiento.
Diego Hernández, muestra lo que se llama una mala pintura y si ese fuese el objetivo está plenamente conseguido tanto por el nía! uso del color como la insinuación de una idea religiosa, lo que no cambia en nada la calidad total de la obra.
Gonzalo Ilabaca aparece reiterativo sin una necesaria evolución de lo que está pintando de hace años. Lo observado es inferior a sus obras trabajadas sobre latón y que tanto le caracterizan.
Jaime León se muestra como un artista plenamente maduro como lo hemos apreciado en otros concursos, es otra figura destacada de la plástica joven nacional. Su participación en el concurso y su presencia en la zona contribuyen a elevar nuestro quehacer cultural.
Felipe Merino. Sus trabajos dentro de la buena figuración con fuerte presencia del grafismo y aguadas de color reflejan una maestría poco común. Obras de gran formato plenamente realizadas tanto en lo técnico como en lo conceptual. Sin duda son de lo mejor del concurso. Lamentablemente no recibieron reconocimiento del jurado.
Edwin Rojas aunque presenta problemas no resueltos en la composición, su temática lo señala como uno de los buenos artistas de Valparaíso, cuyo desarrollo ha sido ascendente.
Negativo es el caso de Iván Duran y Claudia Wells que se aprecian como principiantes, lo que hace desmerecer la muestra.
En gráfica destaca notoriamente el porteño Jorge Barbagelata con su "Valparaíso 1886-1986", quien muestra una reiterada calidad. Su trabajo merecía una distinción. Es de fuerte e intensa impresión con una sugerente visión de Valparaíso.
Los demás aparecen muy regulares en el conjunto, algunos confusos, débiles e incluso Cecilia Otero con una desafortunada proyección de su maestro Francisco de la Puente.
La escultura ofrece un panorama más desalentador. Se destaca sobre todo, Iván Cabezón , ganador del concurso anterior. Ahora con tres obras cuya evolución lo lleva a trabajos con claras alusiones a instrumentos orientales, biombos volumétricos y armaduras de guerreros utilizando su material que le ha dado característica: La chatarra. Ahora muestra mayor fuerza, mejor aprovechamiento del material, mas sutileza e incluso una dificil finura unido todo a una impecable presentación. Es sin duda nuestro valor porteño más relevante con obras que abren la senda de un resurgimiento de la escultura tan decaida , en la ultima decada.
Carlos Figueroa con una ejecución y presentación impecable dentro del conceptualismo aparece como el otro escultor destacado en la exposición.
No ocurre lo mismo con el resto, se ve la utilización de malos materiales en Carlos Navarrete (cartón y pintura) y Sergio Cerón,( bronce y madera) desafortunados en la técnica y nada que decir en lo conceptual. En general los escultores presentados oscilan entre dos extremos. Así el premio de honor fue otorgado a José Vicente Gajardo por su obra ejecutada en granito, seguidor de tendencias volumétricas y ornamentales de la década del 60 su orientación característica de la Universidad de Concepción heredada de una antigua influencia de la Escuela de Canteros que ponía más énfasis en una técnica purista y artesanal antes que en una adecuada expresión estética, queda de manifiesto en la obra premiada.
El resultado del concurso sigue la senda del anterior. Faltan figuras importantes de la plástica joven a nivel nacional, reiteramos lo bajo de los premios y la conjunción de un jurado dispar aunque de buenos niveles individuales que ofrece un resultado cuyos efectos hemos analizado.
Carlos Lastarria Hermosilla

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1987


Arte y letras, del diario El Mercurio 18/01/1987
La Difícil Ingenuidad, Un Concurso
Por Waldemar Sommer

Parte de los participantes seleccionados y todos los premiados de una justa plástica convocada por la Universidad de Valparaíso, durante la primavera última, se muestran ahora al público santiaguino —Galería de la Plaza—. Se trata del Octavo Concurso Nacional de Arte Joven. Aparecen escasos nombres conocidos. Tampoco abundan las personalidades definidas. Mucho epígono, en cambio, de nuestros grandes artistas jóvenes. Destacan, eso sí, unos cuantos nombres. Jaime León, en primer término. La atmósfera sugerente, densa, que emana de su políptico, de ascética coloración, pero de claroscuro y tonos neutros muy ricos, proclama la experiencia de una verba independiente, madura.
Entre los pocos y casi nada atractivos escultores del concurso, una excepción, Carlos Figueroa. El carácter simbólico y las síntesis formales de su "cena" están bien concebidos y manifestados, aunque para actuar sobre el espectador necesita un amplio espacio vacío a su alrededor. Respecto al Gran Premio del certamen, la pieza en granito de José Vicente Gajardo, no pudo viajar por razones de peso y no resulta posible juzgarla por fotografías.
Un nombre nuevo en las disciplinas de dos dimensiones, Mario Antonio Ibarra. Logra él imponerse a través de un bien pintado lienzo, de sensibilidad expresionista y vigor considerable. Por su parte, Peter Kroeger obtiene con los gruesos trazos negros de su pintura un vago y curioso efecto de xilografía. Compuesto satisfactoriamente, este cuadro posee, no obstante, una zona confusa: la constituida por las formas que se aglomeran sobre el arco estructural derecho de la tela.
Josefina Guilisasti, mientras, ofrece un correcto estudio pictórico de doble personaje visto de espaldas. De Ornar Gatica se han expuesto obras neoexpresionistas más enjundiosas que su actual díptico. Pese a algún encanto en el detalle,el par de pinturas de Eduardo Ahumada, para terminar, tiene mucho de ilustración y de estampa chagallesca.
El enorme y merecido interés que hoy día despierta en todo el mundo la pintura ingenua, la convierte en atributo artístico de lo más apetecible. Así no faltan autores que, intelectualmente, ceden a ella como intermediario creador, por ajena que resulte a su sensibilidad. Por otro lado, las galerías de arte, de un modo periódico, están proponiendo —sobre todo en las principales urbes internacionales— flamantes descubrimientos de semejante clase; por desgracia, no muy a menudo la calidad de su producto consigue convencer. Es que el artista candoroso no se hace, nace. Sin embargo, debe reconocerse que las fronteras que delimitan ese ámbito de expresión tan particular son, a veces, harto brumosas. En Chile tenemos un caso magnífico en tal sentido. Asimismo, nuestro país cuenta con toda una pléyade — vivos y muertos— de cultores innatos de la ingenuidad.
Una demostración tangible de lo que acabamos de decir puede hallarse en la actual exposición de Galería La Fachada. Conviven ahí, junto a quienes recurren — en ocasiones rarísimas, con acierto— al recetario naive o a quienes sólo ostentan una aproximación más o menos relativa a espíritu primitivo, naifs indudables. Y en este último caso, cada uno de ellos se convierte en un microcosmos singular, de perfiles propios. Ubicamos viejos conocidos y otrqs que resultan novedad: María Luisa Bermúdez, Federico Lohse, Carlos Paeile, Arturo Rojo, Elisa Castro, Carlos Aceituno.
Bermúdez surge, esta vez, menos fantasiosa, apegándose a una realidad más bien pedestre; solamente el "florero" y su contrapunto ornamental proclaman las virtudes extraor-dinarias de la autora. Un frutero de bello colorido y el jarro, que incluye un inesperado par de plumas de pavo real, nos hablan de los méritos de Paeile. Si en Lohse el feísmo es ante todo formal — ¡qué crudeza de factura!—, sus imágenes pueriles encierran un ánimo naif muy puro. En cuanto al repertorio marinero de Rojo, aquí los "botes en alta mar" se convierten en una variación seductora. Castro y Aceituno resultan artistas mucho más recientes. Frente a los logros desiguales de sus compañeros de sala, el encanto de las descripciones ciudadanas, miniaturistas, morosas del segundo sabe mantenerse a través de los cinco lienzos con el barrio Bellavista como modelo. En Castro se da una audacia de concepción, simple y elemental. Su "maceta de flores" cuaja con plenitud esa característica. Otros participantes de esta muestra revelan, como anunciáramos antes, vínculos relativos — en mayor o menor grado— con la ingenuidad. "El alférez", de Guillermo Torres O., comparte, sin duda, el caudal de los pintores naifs, además de lucir un acorde cromático de vibrante limpieza. Menos próxima a aquéllos está Bernardita Zegers, cuya pequeña naturaleza muerta surge deleitosa. La novel Andrea Carreño, entretanto, deja asomar cierta dosis de surrealismo conceptual, que se materializa con bastante mayor riqueza de imagen en su pintura con un frutero sobre mesa, y al lado de la ventana. Todavía más lejanas que los anteriores parecen las dinámicas ornamentaciones de Livio Scamperle.
Francisco Muñoz y Gustavo Naranjo plasman la voluntad consciente de -expresarse mediante la verba nai've. Hasta cierto punto, eso lo consigue mejor Naranjo: hay equilibrio y alguna gracia en sus figuras al borde del agua y en la "caída de Adán". Muñoz, por el contrario, denota pesadez y abigarramiento en sus cuadros. Sin embargo, un hálito misterioso nace del fondo verdoso y de los espectadores de un vigoroso "circo" suyo. En lo que se refiere a las estampas de Lucía Pardo, éstas dependen demasiado de fórmulas pictóricas caribeñas. Finalmente, a Mario Atalah, fuera de hallarse en una órbita bien distinta a la primitiva, le falta aún desarrollo plástico bajo un orientador adecuado.

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1988



Catalogo exposición Individual (Mario Antonio Ibarra)
"así, no mas ", Sala EL Farol,
Universidad de Valparaíso,
17 de Junio - 15 de Julio 1988

"Desde aca abajo dedico esta exposición a mi amigo Andrés
Merino."

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La Estrella de Valparaíso 22/07/88
Mario Antonio Ibarra
Por ENRICO BUCCI

Mario Antonio Ibarra expuso en la sala El Farol una serie de óleos que tituló "Así no más". Dedicó la exposición a su amigo Andrés Merino. ¿Un profesor de pinturas?
Esta fue su primera muestra individual. Una muestra contundente en cantidad; en cuanto a calidad, le sobra oficio y audacia para su nivel. Diría que Mario A. Ibarra es un joven pintor con garra de artista. Veamos porqué.
Sus composiciones son audaces, manejando la cara del lienzo con una profundidad especial poco común en jóvenes de su edad. En la pintura que tituló "Local a la bala", en la micro, ubicó una serie de personajes, con expresiones y miradas dentro de una profundidad que nos da la impresión de estar viviendo la escena. Pero, el alarde no es la profundidad sino la caracterización de cada personaje que nos resulta familiar, pues todos los días nos encontramos con ellos en la micro. Dibujo, color, espacio y expresión forman una obra interesante dentro de lo producido por jóvenes de su edad.
"La citrola", "Mujer y guagua", "La pura tele", "El arregla techo", "Hace frío" o "Escupiendo a las palomas", son pinturas de la exposición que admiramos por los recursos pictóricos y composicionales. Otra serie que, ubicó en un rincón del fondo de la sala, nos completó la intención mordaz, de crítica social, con toques de humor que acentúa con color y díbujo.
Esta primera exposición individual de Ibarra es un buen comienzo. Qué ganas de saber qué tiene en mente para la próxima muestra. Los problemas que lo inquietan nos interesan, pero más nos interesa la forma de exponerlos'. Sin duda él nos demuestra que ya tiene su sello, característica que ojalá no pierda. La otra sorpresa sería que cambiara de tema, pero igualmente re-conoceríamos su pintura.
Invito a Mario Antonio Ibarra a preparar una nueva exposición para fin de año. Sé que es un desafío. Pero la vida está construida de desfíos, con mayor razón el arte. ¿Qué te parece Mario Antonio? Estaré aten-to a tu labor artística, a tu pintura, a tus ideas. Hasta diciembre próximo, entonces.

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la Sala "El Farol"
Pintura trágica de un artista joven
Por Luisa Ferrari

Hasta fines del mes se encuentra abierta al público la exposición de pinturas del artista porteño Mario Antonio Ibarra, en la sala El Farol, calle Blanco 1113, que refleja angustia y lucha diaria por el existir.
La muestra está dedicada, según el catálogo, "Desde acá abajo a mi amigo Andrés Merino".
Consultamos por la dedicatoria, y nos dice que Merino es el pintor que hace algunos meses murió quemado en su casa de Valparaíso, que fue consumida por el fuego. "Lo encuentro algo muy trágico para cualquier persona, especialmente para un creador -señala-, por eso se la dediqué a él".
Explica, enseguida, que en sus cuadros trata de expresarlo que son todos los días, "los días pasan para uno, para usted, para ella y para todos".
Refiriendose a la angustia que reflejan las caras de sus personajes, dice: "Es que ahora no hay alegrías , hay pura angustia , angustia de los problemas de todos los días, de que hay que conseguir lo necesario, y las cosas no se consiguen en forma fácil, hay que que luchar por las cosas ahora".
Explicándonos su concepto del arte, agrega: "Lo que yo hago son todos mis días; para mí el arte es una forma de vida, yo lo vivo así y así lo hago, bien hecho o mal hecho no importa, lo estoy haciendo porque lo estoy viviendo y eso que estoy viviendo quiero expresarlo, y la única manera de poder expresarlo es pintándolo.

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1989


Diario Nueva Voz - 20/10/1989

En que andan los jóvenes
Texto Eduardo Correa

Existe un renacimiento de las artes visuales de diverso pelaje y por ahí rondan caras nuevas y proposiciones renovadas.

Renacimiento de la actividad plástica en Valparaíso, artistas nuevos y no tan nuevos que viven el final de los ochenta creando imágenes que atrapan por asalto a los espectadores tranquilos, que buscan descanso y reposo en la pintura; no aventuras casi rockeras con ángulos agudos y colores chillones.
En Valparaíso existen dos importantes centros de formación artística: la Facultad de Arte de la UPLA y la Escuela de Bellas Artes, además existen centros y academias privadas, aparte de los otros centros de enseñanza del arte en Viña del Mar (Escuela de BBAA) y región. Surgen talleres privados en ma-nos de los propios creadores o asociados a organizaciones de distinto tipo.
Por otra parte, dos eventos importantes resaltan la actividad de las artes visuales en la zona: el Encuentro de Arte Joven de la Universidad de Valparaíso y la Bienal Internacional de Arte, donde prima el arte joven nacional y donde están entrando fuertemente nuestros nuevos pintores. Distintas salas de exhibición cobijan a nuestros artistas plásticos.
ANIMO DE APERTURA
Entre las nominaciones de «pintura», «artes plásticas» y «artes visuales», la tendencia es a aceptar como más universal esta última, pues abarcará toda manifestación visual incluyendo graffitis, (rayados murales), instalaciones, acciones de arte, video y cuadros propiamente tales que siguen manteniendo soportes tradicionales.
Poco a poco, las conservadoras salas de exposición empiezan a aceptar estas nuevas propuestas, desconcertantes para los más tradicionales que no ven en ellas sino mamarrachos.
Es que nuestro arte varió desde los antiguos salones de Primavera y Otoño, y este cambio obedece no solamente a simples imitaciones, sino también a una sensibilidad distinta que empieza a sentir la precariedad y lo fragmentario de la existencia cotidiana.
Durante los inicios del 70, Valparaíso se llenó con los murales del Instituto de Arte de la Católica. Figuras geométricas de colores hoy se destiñen aún en los cerros. Luego vienen las brigadas muralistas: aún se recuerda un enorme mural en Capuchinos y otro en la playa Las Torpederas. Más tarde surge en Santiago el conceptualismo y acá en Valparaíso tiene poco eco. Lo que renace con más fuerza es la pintura-pintura; la vuelta al soporte tela y a los materiales tradicionales.
NUEVA GENERACIÓN
Ahora es una geometría distinta, proposiciones más estéticas que didácticas.
La característica de nuestro territorio pareciera ser la diversidad; la coexistencia de formas distintas del quehacer artístico, conviven así una tradición de artistas de renombre y sólida formación con jóvenes y no tan jóvenes, que indagan en los terrenos de la imagen, proponen formas nuevas de ver o terminan escribiendo con spray "Sandra te amo" en los cerros de Valparaíso.

Ariel Pereira, José Basso, Iván Cabezón, Archlbaldo Rozas, Eduardo Ahumada, Edwin Rojas, Claudio Francia, Roberto Cárdenas, Mario Ibarra, Claudia Cataldo, Gabriela Vindigni y tantos otros pintores y artistas, son los que empiezan a configurar el mapa de nuestra geografía de la imagen.
Eduardo Correa

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1990




LA NECESIDAD DE FORMULARSE EN LA "COLÉ" -> DESDE UN PUNTO PARA LLEGAR A OTRO. ADUANA: DECLARAMOS TODO, CASI TODO; MENOS NUESTROS DESEOS MAS PROFUNDOS. HASTA EL PUERTO, RECALADA PELIGROSA. A BABOR LOS SUEÑOS, A ESTRIBOR LA PERMANENTE MAQUINA DEL DESEO. A SUBIRNOS AL COLECTIVO. DONDE EL CHOFER ES UN ÁNGEL CON ALAS MAGENTAS. NI RETROVISOR NI NADA. CIEN PESOS ONLY.
EDUARDO CORREA


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Catalogo Exposición "La flor de la tuna" ,
Colectiva:
Lalo Hofmann/Mario Ibarra(Paté)/Cristian Nuñez/ Toti Meer/Carlos Trincado

Sala El Farol , Chile-30/11/90
Texto Marcelo Mayorga

No hay nadie más, solo las telas de cinco pintores jóvenes colgando en una sala desierta, bailando las danzas de la creación sobre unos territorios inmensos, uniendo la tierra con el cielo a través del fuego, los cinco pintores que exponen son como los dedos de cristal del gigante de Rohdas, cada uno dueño de su propio refiejo,combinados en una muestra colectiva que se agita sacando el
sopor de inmovilidad que agota a este puerto perdido en el fin del mundo, perdido en el otro lado del tiempo, los asistentes mirarán, callarán, hablarán o reirán sin notar que por esta vez sus gestos serán sagrados como los de Buhda.
MARCELO MAYORGA

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1991

1992


Catalogo Exposición "Pintura Joven" , Sala Viña del Mar , Chile-25/02/92

El yo pintar es un salvaje entusiasmo, un vuelo fijo, explosión y reserva, valorando en la obra la invención de formas reconocible de una manera insólita haciendo desconocidos momentos conocidos. Mario Ibarra(Paté)

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La Estrella de Valparaíso 29/02/92
Crítica de arte
Pintura joven
Por ALVARO DONOSO

En sala "Viña del Mar" exponen diez jóvenes pintores chilenos, en un saturado montaje donde los óleos bajan por la escalera, comprimiendo al visitante. Algunos artistas son de Valparaíso, otros santiaguinos, sin explicarse la norma utilizada para su selección.
Los autores de este tumulto de 77 pinturas combaten ferozmente en los muros, sin permitir un centímetro de aliento. Tanto así, que han debido colocarse caballetes para exhibir aún más óleos.
El espectador debe adivinar quiénes son los expositores, pues las obras carecen de identificación, estando muchas de ellas sin firma. El confuso catálogo no ayuda, pues no aparece en él mayor información o curriculum.
En suma, el caos que ya se ha hecho habitual en sala "Viña del Mar", cuya categoría ha descendido notoriamente en el último tiempo. Más vale no recordar el reciente mercado persa del arte, cuando aquel sitio se transformó en sucursal de la feria sabatina de avenida Argentina.
De los exponentes, sobresale el porteño Mario Ibarra, que ahora se firma "Paté" por alguna ignorada razón, quizás para confundir aún más al observador. Ofrece once grandes pinturas y vence en esta lucha encarnizada, dominando el lugar. Su color se muestra más limpio e
in-
tenso, y como siempre, con su vigorosa temática expresionista, hoy con una composición de mayor equilibrio, aunque violenta. Rojos y amarillos surgen con desenfreno; los gatos se han convertido en tigres y los apacibles perros de los cerros del puerto, en lobos salvajes.
Lo acompaña en calidad Gonzalo llabaca, de Santiago, que atinadamente ya no se firma "Yuri U.K.". Exhibe seis óleos. Su personalidad se acentúa cada vez, con sus figuras humanas hieráticas rodeadas de grafismos que enriquecen el lienzo. Trozos de tela virgen permanecen al descubierto, aliviando el impacto visual.
Eduardo Ahumada ha experimentado un cambio en su producción. En sus ocho obras presentadas, el color se ha purificado y enriquecido, definiéndose en planos en desmedro de sus temas fantásticos anteriores. Las figuras ya no vuelan, están ahora sólidamente ancladas en tierra, Los personajes ya no tienen alas, permanecen de pie o tranquilamente sentados.
Patricio Bruna presenta una violencia colorística agresiva. Han desaparecido aquellos grises y ocres de antaño. Seres de un bermellón intenso donde el fondo adquiere más importancia que la forma, golpean al abrumado observador. Bruna transita por una etapa pictórica en la cual no lo acompaña la fortuna. En el catálogo indica: "No pinto por encantar o hacer el halago fácil en las pupilas habituadas". Al razonar, lo hace bien.
Ramón Quiroz felizmente se muestra más lírico, un oasis de paz en el maremagnum de la exposición. Dispone de tonos finos y sencilla composición, con diagonales equilibradas, aliviando el ojo y tranquilizando al espectador.
Edgar del Canto, Walter Rivera, Eduardo Mena y Salvador Hernández, abigarrados en su paleta se pierden en formalismos litúrgicos donde sus trabajos son tan semejantes, que turban con la impresión de verse repetidos. En los dos últimos, el negro predomina en demasía, ofreciendo un ambiente tenebroso como las leyendas demoníacas de H. P. Lovecraft.
Por último, vemos a Christian Correa, quien posee individualidad propia. Reflexivo, realista y fácilmente identificable entre la selva llameante de la exhibición, utiliza una técnica depurada, aunque con algunas fallas de dibujo, Para pintar un realismo tan acentuado, el dibujo debe ser perfecto. En algunas telas recurre a una composición básica, dividiendo el rectángulo en dos partes iguales, restándoles dinamismo. En su estudiado oficio, el color aún no lo apoya.
Una exposición enmarañada e irregular, que sólo salvan Mario Ibarra y Gonzalo llabaca, ambos sólidos en su quehacer. En la organización faltó criterio y un buen jardinero con afiladas tijeras de podar, como corresponde a una Ciudad Jardín.

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La Estrella de Valparaíso 06/08/94
"Levántate y anda"
Por ALVARO DONOSO

Según el evangelio de San Juan, había fallecido Lázaro, hermano de María Magdalena. Cuatro días estaba ya en su tumba cuando llegó Jesús y pronunció estas palabras: "Levántate y anda". Y el muerto resucitó.
Hace falta ahora Jesús que ordene al Concurso Nacional de Arte Joven de la Universidad de Valparaíso un "Levántate y anda", para que este certamen vuelva a la vida que poseía hace cuatro años. Desgraciadamente, aquel esperado milagro no se ha repetido.
Hoy, 58 obras plásticas atiborran la sala "El Farol", comprimidas en dos locales que anteriormente eran tres. La tercera sala fue convertida en oficina.
En esta XIV versión, el montaje del concurso ha sido fatal, como Lázaro antes de la visita de Jesús. Óleos sobre las puertas; sobre la escalera que conduce al inexistente segundo piso; sobre los ventanales a tres metros de altura, lejanías que impiden su visión. Es una exposición para jirafas. Las obras restantes, colocadas en amplias láminas de cartón corrugado, no mejoran la situación, pues producen densas zonas de sombra que oscurecen el lugar.
El certamen está dividido en cuatro secciones: Pintura, Escultura, Gráfica y
Técnicas Experimentales, con una distinción para cada una, más el Premio de Honor "Universidad de Valparaíso". Este recayó en un óleo de Andrés Díaz Contreras, titulado "América". Merece describirse: Una gran tela negra de grueso empaste, donde en su lado derecho está adherida la piel abierta de una gran rata de los cauces porteños. Todo, cubierto por una espesa capa de barniz para que el roedor no escape. Debe recordarse que tal obra es de adquisición e implementará la colección que ya posee la Universidad. ¿En cuál oficina será colocada? Un limitado concepto de América posee su autor.
Quizás por pudor del jurado, el premio de Escultura fue declarado desierto. Los demás galardones principales fueron otorgados a sólo intentos de alguna nueva ciencia aún no clasificada.
En tal maremagnum tres Menciones Honrosas deben destacarse: Robinson Barría, artista de Puerto Varas, presenta una escultura en madera que sobresale entre sus hermanas. Esta vez Barría trabaja el material sin el acabado pulido de sus creaciones anteriores, que les confería mayor delicadeza. Mario Ibarra Catalán, que por ignoradas razones se firma ahora "Paté", ofrece su "Llanero Solitario", enérgica pintura en su temática y ejecución, que merecía mejor suerte en la premiación. Juan Carlos Montes de Oca, de gran imaginación, muestra dos cajas conceptuales con pequeños objetos de desecho colocados sobre paños de algodón gris. Allí, trozos de tijeras, clavos, alambres, artículos de hospital, en breves cubículos proyectan una imagen angustiosa del hombre contemporáneo, negra ironía que su autor maneja con destreza. Montes de Oca participó hace poco en Valparaíso, en una muestra de arte conceptual titulada "Realidad emergente", con el mismo espíritu inquisitivo que logra la atención.
Dentro del conjunto, el único toque de humor pertenece a Cristóbal Voigt, con una escultura-artefacto de madera. Con ella, una brisa fresca penetra a la sala "El Farol". En sección Gráfica, hoy notablemente disminuida, Marta Raposo ofrece una excelente aguatinta en blanco y negro, llamada "Rotta"; y Víctor Maturana, garras serigráficas de gran efecto.
Edwin Rojas muestra dos amplios óleos, de factura descuidada pero con una composición más equilibrada. Esta vez no le sobran los rincones del rectángulo.
En la sala, un enigmático perro negro transitaba entre las esculturas, levantando su pata trasera junto a los bloques de madera de Robinson Barría. Los confundió con un árbol. No se sabe si formaba parte de alguna instalación móvil o era un inesperado visitante que entró bajo las narices del vigilante.
En general, la falta de oficio de los artistas participantes es notoria, a excepción de los escasos nombres mencionados. En el "XIV Concurso de Arte Joven 1992", Lazaro continúa en su tumba; la resurrección no se ha producido.

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La Estrella de Valparaíso 08/08/92

¿Arte joven, joven arte?
Critica de Arte
Por Carlos Lastarria

En el Centro de Extensión de la Universidad de Valparaíso se presenta la decimocuarta versión del Concurso de Arte Joven que, cercano a sus quince años de existencia, atraviesa por un largo letargo inaceptable para lo que se supone arte hecho por jóvenes.

El título de este artículo, tomado al profesor Daniel Santelices de su texto en el catálogo, y algunos de sus conceptos tales como: que no estamos ante jóvenes tendencias, que por ser jóvenes no se les excusa de ser creadores; de apropiación desfachatada y de ausencia de propuestas, se visualizan claramente al recorrer la muestra.
Lo primero que se aprecia es el montaje. Una interesante presentación, pero apretada en un muy limitado espacio. El espectador queda aplastado ante tanta obra con tan poca perspectiva visual. Lo segundo es la imposibilidad de apreciar algunas obras que están a tres metros de altura. Tendría que haber llevado una escala de tijera. Pero eso de las alturas me produce vértigo, además del vértigo que producen las obras, doble problema para el ejercicio de la crítica.
Lo tercero es encontrar calidad y propuestas nuevas que deberían ser connaturales a los jóvenes. Aquí más parece que estamos ante una tercera edad de plástica, amén de una gran falta de audacia, imaginación y dominio técnico.
El premio de honor a Andrés Díaz, una empastada tela, en exceso, con abuso de barnices y con una piel de un gigantesco "guarén", no producen el impacto ecológico que pretende, no saca partido a los negros, ocres y grises, y está lejos de tener la consistencia de un Tapies. Pero se destacan: Edwin Rojas y Mario Ibarra con sus propuestas definidas y su lenguaje claro. Victorio Queirolo con sus temas de bicicletas logra decir algo y tiene dominio de la composición. Mario Sánchez, con sus ocres y figuras autóctonas, al igual que Lorenzo Moya, en el expresionismo abstracto, también son acertados en sus imágenes.
La escultura, como siempre, es escasa. Predominan las maderas y las máquinas o artefactos curiosos, como una de Cris-tóbal Voigt y se destaca Robinson Barría por un recio trabajo de bloques de madera y una acertada unión de metal y madera, domina los volúmenes y ia armonía se conjuga con los elementos utilizados.

La gráfica no está a la altura de otros concursos, se abusa de lo ecológico, de las cosas viejas y los desechos. Al parecer no saben reutilizarlos como para expresar algo bien logrado. Destacan Pablo Valdebenito por su buena técnica; Ximena Somosa, su limpio blanco-gris y simplicidad; Juan Montes de Oca que irónico arma cajas con objetos viejos que transmite un contenido y un mensaje; Alejandra Bendel, Víctor Maturana, Marta Raposo y Pascual Araya en gráfica y grabado muestran oficio que salva la sección gráfica del concurso.
Un concurso más del que no hay mucho que decir. Los artistas jóvenes no tienen mucho que crear y la crítica no tiene más que comentar; sólo esperar que el arte joven sea realmente joven, fresco, dinámico, audaz y hasta romántico. ¿Es esto mucho pedir? Estamos frente a una generación abúlica y en el arte esto se nota.


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Diario La Estrella de Valparaíso- 07/10/1992

"El arte de pintar es tratar de conocerse todos los días"

"La pintura, como expresión de arte, es un tratar de conocerse todos los días... asombrarse consigo mismo, buscar permanentemente." Es uno de los pensamientos de Mario Ibarra Catalán, 31 años, ganador, categoría "A" del concurso "Pintando a Valparaíso en Septiembre", con el tema "Ascensores porteños".
Tras de su obra galardonada hay una decena de años de trabajo, hecho con constancia y tenacidad. Ha sido la opción de su vida, desde el momento que sintió la necesidad de expresión. Surge, sale de él, un deseo de desarrollarse.
Nacido y criado en el cerro Alegre de Valparaíso. Al despojarse del uniforme al término de su Servicio Militar se acerca al Bellas Artes, pero su paso resulta fugaz. Le pincha el neumático del auto del profesor y lo echan del primer año. Pero, insiste.
No abandona los pinceles, porque vuelve al tiempo y con dos años de estudios, comienza con el grabado, se perfecciona en pintura...
Pintaba todo lo que veía a su alrededor, la vida, la pareja, la familia, el Valparaíso de cerros y callejuelas.
En 1984 experimenta una gran satisfacción: logra premio en el salón Regional de Artes Plásticas. Le estimula para proseguir obteniendo menciones honrosas, una de ellas en el Concurso Nacional de Arte Joven.
Tres años después logra Premio de Honor en el Noveno Concurso Nacional de Arte Joven, con exhibición en el Museo de Arte Moderno en la Universidad de Valparaíso.
Desde entonces busca expresiones figurativas. Sus óleos son en formatos grandes de 2 x 1.80 y las figuras habituales, el hombre, la soledad, la televisión, el hombre animal, la lluvia de perros, el suspiro del ánima.
Tiene a su haber 14 premios, muchas menciones honrosas, tres premios mención honrosa Nacional de Pinturas Color del Sur y mención honrosa de Arte Joven en la Universidad de Valparaíso.
Por ser porteño sube y baja en los ascensores y, por supuesto, los admira. Eso lo estimuló para adjudicarse el primer premio del Concurso "Ascensores porteños" organizado por la Municipalidad de Valparaíso.

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